Entrevista: Pilar Cárdenas “FUSCA”

Pilar Cárdenas, conocida como FUSCA, nos abrió las puertas de su casa-estudio para una interesante charla. Nos contó que leía a Freud en la secundaria, estudió psicología y después de años de estudios, lo dejó para dedicarse a pintar.

¿Alguien de tu familia te motivó a dedicarte al arte?

Crecí en una familia de clase media. Mis papás no eran particularmente hechos al arte […] y en mi casa no tuve ningún contacto muy temprano con el arte pero mi abuela, que era una señora muy culta que devoraba libros y escribía, tenía una biblioteca en su casa. Ahí me hice. Yo era una niña super antisocial, no hacía cosas como ir a jugar al parque… me gustaba encerrarme y hacer cosas. Primero, quería escribir y después empecé a dibujar porque ilustraba lo que escribía.

¿Qué tipo de libros te gustaban?

Me gustaban mucho los libros de Time Life. Recuerdo que había uno sobre el cerebro humano. Como a los 12, descubrí a Freud. No sabía lo que estaba diciendo pero me lo sabía de memoria. Terminé estudiando psicología. Tenía como una curiosidad extrema por la vida en general.

¿Por la vida interna de las personas?

Sí. Más bien fue la pintura y el dibujo algo más relacionado con mi parte oscura porque sufría de insomnio, tenía miedos espantosos en la noche, no podía dormir, me levantaba en las noches a dibujar para despejarme un poco.

Mis padres decían que yo dibujaba muy bien, entonces crecí con esta idea de: “Pilar, qué bien pinta…va a ser artista de grande”. Estudié psicología, hice una maestría, y en todo ese tiempo nunca dejé de pintar, de dibujar y escribir, pero nunca tomándolo muy en serio hasta que terminé la maestría, con 24 años, y sentí como un vacío. Yo estaba muy necia, en vez de escuchar a mi corazón, escuchaba a mi cerebro, yo quería ser una gran científica.

Pero decidiste finalmente dejarlo.

Me inscribí en San Carlos y me puse a pintar de lleno. Estuve un año en San Carlos, no me gustó. Fui renuente a que me enseñaran; ahora me arrepiento de haber tenido esa actitud…

Con 24 años, con poca técnica, poca idea —yo no conocía a nadie en el mundo artístico—decidí irme a España a estudiar escenografía, dirección de arte. Ahí estuve 3 años, estudiando, trabajando. Luego regresé a México y, hasta ahora, es cuando más activa he estado y donde he creado la mayor parte de mi obra. Hay una diferencia abismal entre los últimos cinco años. Todo ese proceso, que para una persona normal toma 10, 15 años, yo me lo aventé en cinco. Aquí en el D.F. tuve la suerte de estar rodeada de gente muy creativa como Dhear, como Smithe. Aunque son casi 10 años menores que yo, me sentía en su mismo nivel, porque llevaban 10 años haciendo esto mientras yo estudiaba. Aprendí mucho aquí, me la fueron creyendo y comprando, de esa forma empecé. Es más, yo siento que voy empezando.

¿Sientes que esa primera carrera te quitó tiempo?

Eso pensaba, pero ahora he retomado todo lo que hice antes y lo he mezclado. Mi trabajo tiene una base social, científica, literaria. Los mismos intereses que tenía, los sigo llevando a cabo pero ahora desde el arte. En vez de escribir, lo fui haciendo con la pintura, dibujo… Me resultó genial, ya tenía un recorrido, nada más era verlo, entender que mi proceso no era igual al de otras personas. De hecho, una persona me dijo cuando yo tenía 30 años: “tú pintas muy bien y todo, pero estás muy grande para armarla”. Fue algo que se me quedó, no me lo dijo en mal plan, pero cuando te dicen que no puedes hacer algo, es justamente lo que tienes que hacer. Dije: ese es mi camino.

¿Cómo fue que inició tu experiencia en el formato del mural?

Empecé a pintar en la calle en Culiacán porque tenía una especie de productora, colectivo, con unos amigos, que se llamaba Guachapore. Lo que hacíamos eran expos colectivas. Era cuando llegue de Madrid y no conocía a nadie. Me reuní con amigos mucho más jóvenes que yo y en esa movida entré en contacto con muchos grafiteros de Culiacán que me invitaban a pintar. Yo hacía lo mismo y me gustaba mucho porque estaba acostumbrada a trabajar sola en mi estudio, durante horas. Entonces, el ir a pintar a la calle, en pared, el estar conviviendo con gente, me abrió otro mundo. Aprendí cosas. No es lo mismo pintar en un cuadro que trazar en una pared. Ahí es cuando ves la maestría de una persona que tiene años haciéndolo. Aprendí más cosas con gente que pinta en la calle que lo que aprendí en la escuela y el estudio. Nunca me sentí “grafitera” ¡para nada! Siempre lo tuve bien claro, el grafitero viene de pintar en la calle, yo vengo de un salón de clases y nunca quise pretender otra cosa. No lo digo por desdeñar, sino todo lo contrario.

Cuéntame más de tus primeras experiencias en arte urbano.

Al principio, pintaba lo que pintaba en [boceto] pero me fui dando cuenta que la pared tiene que tener otra dinámica. Una persona va a una galería y puede contemplar un cuadro varios minutos. En la calle la gente pasa y lo ve. Tenía que cambiar mi táctica en la calle; fui reduciendo el nivel de detalle porque tengo una técnica que es muy detallada, trabajo con capas; a veces el cuadro puede tener como 200 capas y me tardo un mes en hacerlo. Quería hacer lo mismo en la pared y obviamente no funcionaba. Sigo pintando en capas en la calle pero la técnica de la calle, de la pared, me gustó más. Esa simplicidad y esa forma más abstracta de las cosas ya la estoy aplicando a lo demás… Me fui por un lado más abstracto

Más depurado…

Exactamente. Desde que hice ese cambio, la gente se identifica más con mi trabajo.  Antes parecía más clásico o más ilustración. Hay artistas que lo hacen bien y es muy bonito pero no es mi objetivo. El mío es mandar un mensaje sobre algo en lo que estoy interesada y compartirlo, o proponer algo.

Usas ciertos símbolos y colores recurrentes en tu trabajo.

Sí, siento que entre más colores, más detalle… es bonito pero se pierde el mensaje. El usar negro y pocos colores es más reciente.

¿El arte parar ti es comunicar y conectar ciertas cosas?

Sí, para mí, es una herramienta. Una muy importante porque es un puente entre las cosas que aprendo, les doy mi punto de vista y las transformo, lo materializo en imagen.

Yo absorbo información, estudio, escribo, y entonces, la fase del dibujo la hago automáticamente. No digo: “quiero dibujar sobre esto”. Esa información se queda guardada en mi cerebro, y luego dibujo, sin pensar. No lo juzgo. Después cobra sentido

¿Qué tipo de temas estudias, lees?

Me interesa mucho el tema de la violencia. Quiero entender, por ejemplo ahora, cómo la violencia cambia la vida de las personas: los desaparecidos, las autodefensas, el movimiento que se genera en la vida de las personas que la sufren. Cómo hay personas que pasan de ser amas de casa a ser luchadoras sociales porque perdieron un hijo. Empecé con una mentalidad de que la violencia está mal.. después me inclinaba a pensar que es algo natural en el ser humano, esta sombra. Todas mis imágenes se empezaron a empapar de eso: sombra, luz. Cómo no aceptamos nuestra sombra y la proyectamos hacia afuera. La violencia está en nosotros. La proyectamos fuera porque no la aceptamos.

En tu obra también está muy presente la figura femenina y el desnudo. ¿Crees que son temas que te interesan, el universo femenino?

No particularmente. Lo que pasa es que, siendo mujer […] a partir de ahí puedo ver las cosas, no las puedo ver como un hombre. Es mi punto de vista. No soy feminista. Simplemente es una proyección. Muchos me preguntan ¿por qué no dibujas hombres? No sé si eso vaya a cambiar, quizá sí pero por el momento así ha sido de forma natural.

Fuga1

De los murales que has hecho, ¿hay alguno que para ti sea especial o relevante?

Sí, hay un par. Hay uno que me gusta mucho, lo hice en Cholula. Es de unos caballos negros con una casita corriendo. Creo que fue la primera vez que pinté un mural donde tenía muy claro qué quería hacer. Además, me pasó algo que nunca antes, me caí de la escaleras. Me pegué un madrazo en la rodilla.

El otro mural que me gusta mucho fue el que hice en Nantes, Francia. Se llama La marcha. He estado trabajando con un grupo de familiares de personas desaparecidas en el norte que se llama Fundem. Su lucha es encontrar a sus familiares y yo tenía ganas de hacer un mural para ellos.

Lo hice en Francia y resultó muy bien. Hay muchos artistas, sobre todo en el norte que les agobia el tema de la violencia entonces su arte es pura muerte, decapitados, etc. y creo que estas descontextualizando una situación, eso reafirma la violencia en la mente de las personas.

La Marcha. Francia, 2014
La Marcha. Francia, 2014
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